Una liberación con problemas
Extraido
de Sombras y Cizallas
Extraido del libro de Keith Mann “From dusk till
down”.
En Oxford, muchos activistas veteranos y nuevos
han utilizado las manifestaciones para conocer lugares
que luego pensaban atacar. A pesar de la seguridad
con la que están equipados estos sitios, siempre
hay una oportunidad para la gente que los quiere golpear.
Se sabe que ha habido quien se ha olvidado la puerta
abierta a plena luz del día en lugares que
habían sido atacados muchas veces, que se han
robado maletines con archivos y saqueado oficinas
sin que nadie se enterase. Park Farm ya se había
atacado con anterioridad: en mitad de la noche, a
primeras horas de la mañana, el domingo por
la tarde y por último a las seis de la madrugada.
El criadero para vivisección de la universidad
de Oxford, Park Farm, era como el resto; un complejo
de edificios sin ventanas encarcelando varias especies
de animales que esperaban hacer realidad las sádicas
fantasías de los vivisectores. O un centro
de cría legal que proveía a la comunidad
científica con elementos vivos para curar todos
los males de la humanidad. Lo llames como lo llames,
eran animales sufriendo y muriendo, y un consiguiente
interés para los liberadores de animales por
rescatarlos.
Media docena de activistas se acercaban al lugar
a través de los campos con el propósito
de rescatar tantos beagles como fuese posible y regresar
a la furgoneta antes de que se hiciese de día.
Utilizaron escaleras para subir la pared de 2’5
m, la parte trasera de la fortificada unidad de perros
había sido atravesada. Algunos de los activistas
saltaron al pasillo y se abrieron paso al lugar en
el que estaban los perros con un mazo. Ahora lo que
hacía falta era meter en sacos al mayor número
posible de perros en el menor tiempo posible y salir.
Algunos no ofrecieron resistencia, como suelen hacer
los beagles, se resignan a un futuro desconocido.
Otros se mostraron felices por la visita, pero seguramente
no se sintieron tan animados cuando se cerraron las
cremalleras y quedaron a oscuras sin nadie con quien
jugar, pero en ese momento ya era demasiado tarde
para reaccionar. Un perro pequeño estaba aterrorizado
y montó un jaleo tremendo antes de ser atrapado
y metido en la bolsa de viaje.
¿Qué es lo peor que podía pasar
ahora? El sonido de unas llaves en la puerta. Una
alarma es bastante preferible, por supuesto que es
devastador, pero mucho mejor que la imagen de una
figura humana entrando dentro. Veinte perros habían
sido metidos en bolsas en otros tantos minutos.
En la puerta, de repente, apareció el encargado
del criadero, James Davys, con un colega justo detrás.
Ambos estaban alegres tras un día enviando
beagles a vivisectores; pero al abrir la puerta se
dieron cuenta de que había problemas. ¿Quién
se llevó el mayor susto? Nadie en el lugar
estaba disfrutando de la situación en la que
se encontraba, pero sólo el encargado del criadero
tenía ganas de pelear. Peter prefirió
dejar que la policía resolviese el asunto y
se lo dijo a James mientras le agarraba del brazo
y lo intentaba sacar. Los activistas estaban de acuerdo
con eso, pero el hombre grande de enfrente tenía
cuentas pendientes que saldar. Le salía espuma
de la boca y se le marcaban las venas del cuello.
Estaba enfadado. Eran sus perros, bueno los perros
de los vivisectores de la universidad de Oxford, pero
le mantenían su puesto de trabajo. La gente
se le había reido por la cantidad de acciones
que había recibido. Había pasado ya
por esto, pero nunca había estado tan cerca.
Esta era la cuarta liberación en los últimos
meses.
No es nada significativo en el mundo de la vivisección
pero el modesto criadero Park Farm ha proporcionado
gran información, espectaculares fotografías
y una importante experiencia a muchos activistas durante
muchos años.
Davys estaba fuera de sus cabales: “¡Ni
hablar!, ¡Otra vez no!” gritó al
grupo de personas con pasamontañas. “No
os vais a llevar más jodidos perros”.
Dio un buen puñetazo a uno de ellos pero eso
es todo, recibió lo que andaba buscando, problemas.
Mientras forcejeaba con el activista al que había
golpeado, alguien le golpeó la cabeza. Había
sido avisado, pero como estaba histérico no
entró en razón y pagó las consecuencias.
Nada de esto tenía gracia. Los perros no sabían
lo que pasaba, el encargado no estaba contento y los
activistas sólo querían irse por donde
habían venido. “¡Peter me han cogido!”
gritó Davis, pero Peter ya se había
ido. Él no era tan estúpido y estaba
llamando a la policía. Era el momento de irse.
“¡Vámonos!”.
Solo e impotente, como un perro en un laboratorio,
Davys empezó a chillar desesperado como un
niño mimado que lloriquea para conseguir juguetes,
pero sólo recibió unas carcajadas como
respuesta. Fue dejado atrás, pero antes se
le advirtió: “ahora sabes lo que se siente,
imbécil”, a continuación se le
confiscó su manojo de llaves. Este nunca fue
recuperado y cambiar todas las cerraduras le supuso
a Park Farm 5000 libras.
Subir y bajar por las escaleras 18 bolsas de viaje
consumió un tiempo precioso. En el proceso
un perro escapó de su bolsa como si supiese
a donde iba. Fue rápido, pero no sabía
a donde iba. Tenía más oportunidad de
sobrevivir que cinco minutos antes, pero la gente
que tenía alrededor (los únicos que
le querían) no podían ponerse a buscarlo.
Los activistas desearon buena suerte a su amigo y
continuaron.
La policía estaba en camino cuando la furgoneta
se acabó de llenar y antes de que ésta
estuviese suficientemente lejos de la granja, el conductor
vio luces azules y oyó las sirenas acercándose.
Esto es tan malo como oír el sonido de las
llaves.
Un encuentro así en una estrecha carretera
de una zona rural hace desesperarse a cualquiera.
Dan, el conductor de la furgoneta llena de fugitivos
disminuyó la velocidad mientras el coche de
policía hacia lo mismo. Los policías
no estaban seguros de si era lo que buscaban, pero
tenían muchas sospechas.
El conductor del coche patrulla le dijo que bajas
de la furgoneta para hacerle una preguntas. Dan asintió
e hizo el amago de salir, pero pisó el acelerador.
Davys ya había sido un problema, pero ahora
había otro. Sabía que su situación
era mala, pero aun había una oportunidad de
soltar algún perro o todos antes de que la
policía lo atrapase. Dio un buen acelerón,
frenó, abrió las puertas de la furgoneta
y consiguió sacar a dos de ellos. Pero la policía
estaba muy cerca.
Los que huían a pie consiguieron un vehículo
y se fueron del lugar como estaba planeado, pero Dan
Poustie fue detenido a diez millas de Park Farm por
una docena de coches de policía. Fue acusado
de robo con agravantes y asalto. Los 16 perros que
había en la furgoneta fueron devueltos a Park
Farm. El primer perro fugado llegó hasta una
casa cercana, pero fue devuelto a Park Farm. 2649
AK y 2781AK nunca fueron recuperado y ahora viven
en el sur de Francia con nombres falsos.
Poustie fue condenado a 18 meses por robo. Davys
fue tratado de heridas leves en su cara. El testarudo
volvió a molestar a los beagles. Pero el tiempo
pasaba y antes de que Poustie hubiese cumplido la
mitad de su condena Park Farm cerró y pasó
a ser un recuerdo lejano en la memoria del Movimiento
por la Liberación Animal.