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Introducción
Las campañas que
tratan de cerrar un centro de explotación o de
que dejen de explotar animales pueden aportar muchos
beneficios pero también pueden perjudicar a nuestro
movimiento.
Esta estrategia ofrece
un enemigo claramente definido que generalmente atrae
la atención de nuevos activistas. La posibilidad
de confrontación ha hecho que en países
como Italia o Suecia el número de activistas
aumentase notablemente.
Sin embargo, si se
anuncia el comienzo de la campaña y no se logra
el cierre de la empresa a corto o medio plazo puede
dar lugar a un desgaste de los activistas. Si la campaña
acaba sin conseguir el objetivo, las empresas de explotación
animal salen fortalecidas tras haber ganado el pulso.
Por el contrario, si finalmente los activistas consiguen
cerrar el lugar, el movimiento ganará nuevos
activistas y la confianza en si mismos, mientras que
los explotadores se sentirán más vulnerables
al movimiento.
Preparación
de la campaña
Antes de empezar una
campaña hay que saber cuales son nuestras posibilidades.
Además, es indispensable escoger un objetivo
e investigarlo para saber si es viable su derrota con
los recursos que contamos.
Otro factor que hay
que tener en cuenta a la hora de escoger el objetivo
es el valor estratégico que desempeña
en la industria de la explotación animal. Por
ejemplo, en Suecia se consiguió cerrar el único
criadero de gatos para vivisección del país,
a partir de entonces todos los laboratorios que quieren
utilizar gatos para sus experimentos tienen que traerlos
del extranjero. Por tanto esto implica un mayor coste
económico para toda la industria de la vivisección
sueca.
Para conocer al objetivo
hay que invertir una gran cantidad de tiempo y recursos,
como hacer seguimientos, buscar en Internet, contratar
a un detective para conseguir una información
concreta o, incluso, buscar en la basura de la empresa.
Esta investigación debe ser lo más discreta
y exhaustiva posible porque una vez que se haya hecho
público el comienzo de la campaña la empresa
estará mucho más alerta.
El seguimiento puede
durar un año o más. Los resultados obtenidos
deben aportar suficiente información para conocer
el esquema de funcionamiento de la empresa y poder así
diseñar los pasos de la campaña.
Entre los aspectos
más relevantes que hay que conocer se encuentran:
El objetivo: el capital
con el que cuenta y su situación económica,
dónde tiene todas sus oficinas, dónde
tiene sus almacenes, dónde guarda los vehículos,
si es propiedad de una familia o de accionistas, si
la empresa participa en actos públicos (conferencias,
cenas, entregas de premios, etc).
Las empresas con las
que negocia el objetivo: tanto los clientes como los
proveedores. Entre estas empresas hay que saber qué
valor tiene la relación con cada una de ellas
para así destinar más o menos recursos
en la campaña.
La vida privada de
los directivos: dónde viven, si tienen segundas
residencias, si tienen empresas propias, si son “infieles”
a sus parejas, dónde se reúnen con sus
amigos, si pertenecen a algún club (golf, tenis,
ajedrez, etc.), cuál es su rutina, dónde
viven sus padres.
Los trabajadores: lo
cierto es que atacar a los trabajadores suele tener
pocos efectos en la empresa, a no ser que sea pequeña,
pero tener a la plantilla descontenta siempre es algo
positivo para la campaña.
Aspectos a tener
en cuenta
• Nunca se debe
comenzar una campaña si no se sabe que va a finalizar
con éxito a corto o medio plazo.
• Si no se encuentra un objetivo viable, lo mejor
es unirse a una campaña internacional. Esto garantiza
que aunque la campaña local no sea tan efectiva
como se esperaba, continuará en otros lugares.
• Debe haber activistas viviendo en la ciudad
o región del objetivo. Por ejemplo, si el objetivo
está en Madrid, los activistas deberán
irse a vivir a Madrid, si el objetivo tiene sedes en
varias ciudades (por ejemplo el Corte Inglés),
tendrá que haber grupos de activistas en varias
ciudades. En caso de objetivos realmente asequibles
esto puede no ser estrictamente necesario, pero si se
plantean objetivos medianamente fuertes es imprescindible.
Si no se está dispuesto a hacer este sacrificio
hay dos opciones, la primera no empezar la campaña
y la segunda adherirse a una campaña internacional.
• Conviene que haya el máximo número
de activistas que puedan dedicar todo su tiempo, es
decir que no tengan problemas de trabajo o estudios.
• Es importante contar con un abogado al que los
activistas puedan tener acceso las 24 horas del día
en caso de problemas. Este abogado también puede
servir para consultas legales.
• Si no hay dinero, no hay campaña. Por
tanto, antes de comenzar hay que asegurarse una fuente
de ingresos importante, si es posible que permita liberar
a varios activistas.
Tipos de activistas
necesarios
Entre los activistas
que participan en las campañas hay dos tipos,
los que lo hacen legalmente y los que lo hacen ilegalmente.
Si no participa uno de estos dos grupos el otro debe
utilizar unos métodos suficientemente agresivos
como para compensar la carencia.
Las campañas
son la única circunstancia que pueden justificar
que haya cierta relación entre los activistas
del FLA y los que actúan públicamente.
Por ejemplo, si los que actúan públicamente
descubren cierta información, lo ideal sería
que el FLA lanzase el primer ataque aprovechando el
factor sorpresa y luego se atacase con medios legales,
y no al revés.
Esta relación
entre el FLA y los activistas públicos debe producirse
únicamente cuando sea estrictamente necesario
y con condiciones de seguridad extremas. Los activistas
que trabajan públicamente deben estar preparados
para no revelar ningún dato cuando sean interrogados
por la policía.
Todos los activistas
tienen que tener desde el primer momento un cuidado
máximo con la seguridad, leer manuales, encriptar
toda la información con PGP, tener cuidado en
donde se habla, cuidar las conversaciones telefónicas,
etc.
1.-
Activistas legales o públicos:
Su objetivo fundamental es recoger apoyo público,
y acosar abiertamente al objetivo.
2.-
Activistas que lleven a cabo acciones ilegales:
Por supuesto tienen que estar dispuestos a ir a la cárcel.
Además, el formar parte de una campaña
exige que estén al máximo nivel. Los activistas
del FLA tienen que tener claro que la derrota del objetivo
dependerá en gran medida de la contundencia y
frecuencia de las acciones ilegales.
El
comienzo
Las campañas
suelen empezar con un mazazo del FLA. Este golpe debe
ser lo más fuerte posible porque a partir de
ese momento el factor sorpresa se ve muy reducido. Esta
acción puede conseguir que el objetivo tome en
serio la campaña desde el primer momento. Hay
dos formas de comenzar:
Con daño económico:
si la empresa es pequeña un sabotaje de grandes
dimensiones puede desestabilizarla económicamente
e incluso arruinarla de un solo golpe.
Con una liberación:
si la empresa explota animales de forma directa, una
opción muy efectiva es rescatar al mayor número
de ellos y grabar en vídeo las condiciones en
las que se encontraban antes y después del rescate.
Esto se ha utilizado en campañas como SNGP o
Chiudere Morini. No solo pretenden rescatar al mayor
número de animales explotados, sino que también
se busca atraer la atención del público
para implicar al mayor número de activistas.
La
parte ilegal
La acción directa
es seguramente el arma más efectiva en una campaña
y, por ello, quienes la llevan a cabo tienen que tener
en cuenta su responsabilidad. Si hacen las cosas bien,
conseguirán que los directivos y propietarios
de las empresas no consigan dormir porque estarán
pensando que en esos momentos puede haber alguien detrás
de su puerta.
Desde el comienzo,
la línea que deben seguir los activistas que
llevan a cabo las acciones es siempre la misma: hacer
el máximo daño posible, con la mayor frecuencia,
pero a la vez siguiendo las guías de seguridad.
Hay que estar siempre
alerta de la policía y estar preparado para ser
arrestado en cualquier momento. En el caso de ser arrestado
no decir ni una sola palabra en comisaría, ni
siquiera para declararse inocente. Aunque sepas que
puedes demostrar que no has participado en esa acción
lo único válido que puedes decir en una
comisaría es: “no voy a declarar”.
Hasta que no llegue el abogado, ni una palabra. Si no
tienes abogado, llama a la campaña o a alguien
de confianza y te conseguirán uno, no aceptes
al abogado de oficio.
La
parte legal
El hecho de que se
participe en la parte legal de la campaña no
significa que no vaya a haber repercusiones legales,
de hecho es más probable que sufran acoso los
activistas públicos que los que actúan
ilegalmente. Los activistas que trabajan públicamente
sufren casi sin excepción acoso policial, denuncias,
espionaje, registros continuos de la vivienda, seguimientos
y amenazas. Esto se debe a que son la parte visible
de la campaña y es más comprensible si
después de una importante acción del FLA,
aparecen en los medios haciendo declaraciones criticando
al objetivo de la acción.
Es más probable
que acaben en la cárcel los activistas que actúan
abiertamente que los que lo hacen ilegalmente. Por ejemplo,
ahora hay varias personas de la campaña SNGP
(Save Newchurch Guinea Pigs) cumpliendo condenas de
varios años de cárcel por un delito que
llamaron “conspiración para acosar”.
Las pruebas que tenían eran del estilo de “el
acusado fue visto en una protesta en un lugar que semanas
más tarde fue atacado por el FLA”, o “el
acusado tenía un papel destacado en la manifestación”,
etc. Otros ejemplos son los encarcelamientos de activistas
de SHAC (Stop Huntigdon Animal Cruelty) en Estados Unidos
y en Inglaterra. Esto ocurre porque cuando la policía
es incapaz de encarcelar a los activistas del FLA hacen
todo lo posible para arrestar a los que actúan
legalmente para así tapar su incompetencia.
Por todo ello es esencial
que los activistas que lleven la campaña legal
asuman desde el primer momento que sufrirán una
auténtica represión policial. Cuanto más
efectiva sea la campaña, mayor será la
represión. Si no están preparados para
afrontarla, deberían tener en la campaña
un papel secundario y poco visible (recoger dinero,
asistir y organizar concentraciones). La preparación
de estos activistas es especialmente relevante cuando
son interrogados por la policía -y, sin duda,
si juegan un papel importante en la campaña,
tarde o temprano serán interrogados-. También
ellos tienen que ser capaces de no decir nada en absoluto
a la policía hasta que hablen con su abogado.
Una vez que se ha llevado
a cabo la primera acción del FLA, comienza la
parte legal. El primer paso suele ser simplemente ir
a hablar con las personas que toman las decisiones en
la empresa y decirles educadamente que, o dejan de explotar
a los animales, o va a comenzar una campaña.
Cuando se actúa
de cara al público se tiene que tener clara la
imagen que se pretende transmitir.
Hay
muchas formas de actuar de cara al público y
todas ellas son importantes:
- Concentraciones
de protesta
No importa si la concentración
se lleva a cabo delante de la empresa que se pretende
cerrar, delante de una empresa colaboradora o delante
de la casa de un directivo.
Estas concentraciones
se tienen que hacer con la mayor frecuencia posible,
como mínimo una vez por semana, y de una duración
mínima de una hora.
Las protestas no se hacen de cualquier manera. La imagen
que se transmite en una protesta de cara al público
es fundamental. Una concentración de jóvenes
con una estética que pueda considerarse descuidada
sucia, con una pancarta hecha con una sábana
y pintada con spray, y unos trípticos fotocopiados,
no se considerará como una amenaza importante
para una empresa medianamente fuerte. Si esas personas
visten con una estética más “aceptada”
por la sociedad, llevan una pancarta de imprenta, unos
trípticos en color y se acercan a hablar con
los viandantes para explicar su postura, entonces sí
que serán considerados por la empresa como un
problema. Además, por desgracia, la estética
juega un papel importante a la hora de ser aceptados
por la sociedad, una persona que lleva una estética
“extraña” hace pensar al público
que sus ideas también serán extrañas;
si lleva una estética “normal”, sus
ideas se considerarán también normales
y es más probable que sean aceptadas por un mayor
número de personas.
Las pancartas hechas
con spray, rotulador y a mano dan un aspecto que puede
transmitir una imagen descuidada. Lo mejor es encargarla
a una imprenta. Pero también se puede comprar
la tela (o una sábana blanca) y utilizar pinturas
de las que se usan para hacer camisetas. Estas pinturas
se compran por botes de colores. Con ordenador se diseña
como quieres que sea la pancarta y pasarlo a una diapositiva.
Se coloca la tela en una pared y con un proyector de
diapositivas se proyecta la imagen sobre la tela y se
pinta sobre el dibujo. Si la protesta sólo se
va a hacer una vez, igual no interesa invertir tanto
dinero en una pancarta y hay que optar por el spray.
En ese caso es preferible hacer las letras con plantillas
y nunca a mano alzada; y si es posible utilizar dos
colores, ya que la pancarta será más vistosa.
Con los trípticos
ocurre exactamente lo mismo. Cuando se reparte al público
una fotocopia de un documento de Word hay pocas posibilidades
de que se lea, porque a primera vista genera poco interés.
Conviene repartir trípticos a color, hechos en
imprentas, con fotos de animales explotados que creen
un impacto visual. Insisto, esto es caro, pero si la
gente del grupo pone dinero de su propio bolsillo se
pueden hacer las cosas bien. Además, cuando se
reparten panfletos bien hechos y, sobre todo, si salen
perros y gatos, la gente tiende a donar mucho más
dinero al grupo, por lo que se recupera la inversión.
También hay que tener en cuenta que el texto
no debe ser demasiado largo, fácil de comprender
y con un lenguaje coloquial y sin dirigir insultos gratuitos
al objetivo, es mejor atacarlo razonadamente.
Otro aspecto a tener
en cuenta es la actitud cuando se está haciendo
la protesta. Al público hay que hablarle educadamente,
hay que explicarle lo que está haciendo esa compañía
de forma que nos ganemos su apoyo. Si salen los dirigentes
o propietarios del establecimiento hay que mostrarles
desprecio y determinación de acosarles hasta
el final. Si salen guardias jurados, hay que mostrarles
que no nos intimidan en absoluto. Por ejemplo, sin nos
dicen: “iros más lejos que no dejáis
trabajar”, la respuesta será “para
eso estamos aquí, cuando dejéis vosotros
de vender pieles, trabajar con HLS, etc, nos iremos”.
Si se obedece a lo que ellos dicen estamos dándoles
una imagen de debilidad, de que nos pueden controlar,
y precisamente lo que buscamos es que sientan que tienen
la situación fuera de control.
Tenemos que ser conscientes
que en una campaña de cara al público
la imagen es lo más importante, de hecho, es
lo único que importa.
Cartas a las empresas
Si queremos convencer
a una empresa destacada entre nuestros objetivos, puede
que la forma más efectiva para empezar sea con
una buena acción del FLA que cree un ambiente
de inseguridad en la empresa. Pero si la empresa no
es realmente importante, el primer contacto puede llegar
a través de los activistas que llevan la parte
legal mediante una carta.
Esa carta, igual que
las concentraciones, no puede hacerse de cualquier manera.
Tiene que seguir el modelo de las cartas de bancos y
empresas, con los datos y el logotipo en color del grupo,
lo cual dará la imagen de que el grupo dispone
de fondos y recursos suficientes para llevar a cabo
la campaña.
Del mismo modo, cuando
se escribe la carta hay que saber bien a quién
se escribe. Conviene poner los nombres y apellidos de
la persona que puede tomar la decisión que estamos
buscando. Así, se darán cuenta de que
ha habido una investigación previa y de que el
grupo no está haciendo las cosas improvisando.
Si la empresa no contesta
hay que llamar por teléfono, presentarse y preguntar
educadamente si les interesa dejar de explotar animales.
Si su respuesta es “sí”, habrá
que agradecérselo y hacerles un seguimiento o,
incluso, y si se considera necesario, pedirles pruebas
-con mucho cuidado de no ofender-. Si la respuesta es
“nos lo pensaremos”, habrá que volver
a llamar. Y si la respuesta es “no”, entonces
conviene hacer protestas frente a sus establecimientos.
Los medios de comunicación
Entre los activistas
de la campaña que trabajan de cara al público
tiene que haber al menos una persona preparada para
hablar con los medios y no desaprovechar ninguna oportunidad
que se le presente. Generalmente, los medios estarán
más interesados después de una acción
del FLA llamativa, el objetivo del activista será
centrar la atención en la explotación
que está llevando a cabo la empresa. Por supuesto,
no siempre logrará el objetivo y las cadenas
transmitirán una imagen de terroristas; pero,
en cualquier caso, a la empresa objetivo de la campaña
no le beneficia salir en los medios como un objetivo
de los defensores de los animales.
Además, utilizar
los medios es fundamental para lograr ayudas económicas
del público. Es la mejor forma de conseguir que
gente de la calle se entere de que existe una campaña
y en qué consiste.
Charlas en universidades
Los miembros del movimiento
por la liberación animal tienden a veces a dar
charlas en centros sociales. Por desgracia, en los centros
sociales el público suele variar poco y los asistentes
suelen estar ya concienciados. Lo positivo de hablar
en estos lugares es que a veces se consigue que los
activistas se vuelvan más “radicales”.
Hay quienes se niegan a dar charlas fuera de centros
sociales porque no quieren desarrollar actividades en
lugares privados o pertenecientes al Estado (a pesar
de que muchos centros sociales son lugares privados).
Sin embargo, si el mensaje se quiere transmitir al público
en general (y no sólo a sectores alternativos)
es necesario hablar en los medios de comunicación
y dar charlas en universidades.
Las charlas en universidades
permiten entrar en contacto directo con un sector del
público interesado pero, generalmente, poco informado.
Este contacto con gente joven, con potencial como activistas,
puede despertar el interés de muchos de ellos,
y de esta manera se logra uno de los objetivos más
importantes de toda campaña: aumentar el número
de activistas del movimiento. De hecho muchos activistas
opinan que el mayor beneficio de las campañas
reside en que al mostrar un objetivo claro (en lugar
de un objetivo abstracto como sería la explotación
animal en general), el público siente mucho más
interés y más ganas de participar, lo
que a la larga les lleva a comprender el sentido más
amplio de la lucha contra el especismo.
Una vez más,
las charlas se deben preparar cuidadosamente para transmitir
al público que se va a tratar un tema serio.
A veces asistimos a charlas en las que el ponente llega
tarde y se limita a leer unos folios. A pesar de la
buena intención de esta persona, no cabe duda
de que una preparación previa de la conferencia
aumentará el interés de los oyentes.
En primer lugar hay que plantearse el objetivo de la
charla y pensar a qué público va a ir
dirigido. Obviamente, en la charla se hablará
de la campaña, del objetivo y se explicará
cómo pueden participar los oyentes. Sin embargo
el tipo de apoyo que se busca en un centro social puede
ser distinto que si se organiza una conferencia en un
centro de un ayuntamiento.
Antes de comenzar,
hay que tener todo el material preparado. Una charla
consiste en hablar sobre un tema, no en leer unos folios.
Los ponentes que se limitan a leer generan un clima
aburrido y producen un enorme desinterés en el
público. Para que el ponente no se limite a leer,
y cree así un ambiente de desinterés y
aburrimiento, es muy aconsejable utilizar el programa
PowerPoint. Este programa sirve para crear diapositivas
que pueden servir como guía al ponente. Una vez
más, el ponente no debe limitarse a leer lo que
pone en las diapositivas, las diapositivas son sólo
una guía que reúnan los puntos a desarrollar.
Los centros sociales
no suelen contar con proyector de diapositivas, por
lo que suele ser necesario pasar las diapositivas de
PowerPoint a un DVD y verlas en un televisor.
Puede ser muy útil
también acompañar la charla de un video
breve. Si la charla se hace en un centro social quizás
el video podría ser más radical, tipo
FLA. Si la charla es en una universidad, el video podría
ser sobre la explotación que lleva a cabo el
objetivo. Nunca se debe poner una sesión larga
de horribles imágenes de explotación animal.
Al lugar de la charla
se debe llegar al menos media hora antes del comienzo
para comprobar que todo el material necesario está
listo. Llegar tarde da una primera impresión
de poca seriedad y eso puede hacer que la gente no se
tome realmente en serio la campaña o el mensaje.
Mientras se da la charla
es importante fijarse en las reacciones del público,
si se les ve aburridos es porque algo va mal. Cuando
se genera un debate, hay que procurar conducirlo hacia
donde nos interesa y no desviarnos demasiado del mensaje
que se pretende transmitir.
La charla no debe transmitir
únicamente un aspecto negativo sobre las consecuencias
de la explotación animal, es importante también
recalcar las consecuencias positivas de la confrontación
para animar a la gente a actuar de la forma que más
cómodos se sientan.
Grabaciones encubiertas
Lo que más daño
ha hecho a compañías como HLS han sido
las grabaciones con cámara oculta de activistas
que han entrado a trabajar para la compañía.
Si la empresa que pretende cerrar la campaña
participa directamente en la explotación animal
es muy recomendable intentar infiltrar un activista
en su plantilla para que grabe las condiciones de abuso.
Una vez que se tengan suficientes grabaciones se enviará
un video recopilatorio a todos los medios de comunicación
que puedan estar interesados y se distribuirá
por Internet.
Interrupciones de
eventos
Si la empresa da una
conferencia importante o participa en otro tipo de evento
(recogida de premios, coloquio, etc.) la campaña
tiene que estar ahí para estropearlo. En estos
actos las compañías buscan ganar clientes
o conseguir algún otro tipo de apoyo, los activistas,
por tanto tienen que hacer acto de presencia para dejar
claro que quienes trabajen con ellos son también
objetivo de la campaña.
La mejor opción
para estropear la ponencia es contar con una protesta
en las puertas del edificio que comenzará antes
de que los asistentes lleguen. Una vez comenzado el
acto un grupo reducido de activistas lo interrumpirá
de diversas maneras: saltando al escenario con pancartas,
encadenándose en el escenario, pegando un tartazo
vegano en la cara del representante de la empresa, etc.
Irrupción
en el centro de trabajo
Este es sin duda el
punto más cercano al límite legal, y debe
consultarse con el abogado las condiciones en las que
se debe hacer.
Consiste básicamente
en un grupo de activistas (a veces encapuchados) entrando
a la compañía, pegando gritos y con cara
de enfadados. Lo mejor es entrar directamente al despacho
del director. Cuando se esté delante del director,
se le rodea y se le empieza a gritar de muy malas maneras
pero sin amenazarle. Si un guarda jurado sujeta a alguien,
todos le gritarán cosas como “más
te vale que le quites las manos de encima” y se
asegurarán de que le suelte.
Se trata de jugar con
la ley. Entrar a una empresa con las puertas abiertas
al público no es ilegal y entrar al despacho
del director tampoco lo es. Aun así, es muy fácil
que estas actuaciones deriven en problemas legales,
por eso hay que salir del lugar en menos de cinco minutos.
Muchas veces los activistas
que disfrutan con este tipo de protestas traspasan claramente
la línea que les marca la ley y acaban destrozando
ordenadores delante de los trabajadores, robando documentos,
e incluso pegando a los directivos.
Página web
Hoy en día toda
campaña cuenta con una página web. En
ella aparecerá información sobre temas
como: motivo de la campaña, convocatorias, forma
de colaborar económicamente, información
sobre lo que se está haciendo, logros alcanzados,
etc.
Sobra decir que la
página no debería estar alojada en un
portal gratuito y que debe actualizarse frecuentemente
par no dar una imagen de abandono.
Bloqueos
Los bloqueos consisten
en saturar las líneas de teléfono o el
correo electrónico. Se consigue coordinando el
máximo número de personas para llamar
o mandar emails a una determinada empresa en un periodo
de tiempo acordado (generalmente una mañana).
Este método pretende paralizar la actividad de
la empresa rompiendo sus lazos con el exterior. Para
ello conviene que la campaña tenga una lista
de emails de colaboradores para avisarles cuando se
necesita su ayuda. También se puede anunciar
el bloqueo en la página web.
Con este método
se consigue que gente que no quiere estar demasiado
implicada y que sólo está dispuesta a
ayudar desde sus casas, lo hagan.
Recaudar dinero
Como ya se ha dicho, sin dinero no hay campaña.
Los colectivos alternativos
suelen tener siempre el problema del dinero. Esto se
debe a que su fuente de ingresos muchas veces se basa
en fiestas y conciertos que raras veces aportan más
de 300 euros, una cantidad que no puede durar mucho
si se está haciendo algo serio y continuado.
Las personas que forman parte de estos grupos en ocasiones
dan por hecho que el dinero para la liberación
animal se tiene que conseguir únicamente desde
el colectivo y nunca a través de aportaciones
personales. A veces estos activistas no sólo
no reparan en su responsabilidad de ayudar económicamente
al grupo, sino que cuando se les pide, responden que
no tienen, pero si que tienen para comprar discos de
música, salir de fiesta o satisfacer otras aficiones.
El hecho de que una persona invierta más dinero
en la fiesta o sus aficiones que en la lucha refleja
que para ellos es más importante una cosa que
otra, y hay que tenerlo en cuenta a la hora de esperar
que esa persona haga algo por la liberación animal.
Es por tanto muy importante
que los miembros de la campaña que tengan trabajo
aporten parte a las necesidades del grupo, y que los
que no tengan trabajo y tengan tiempo, que busquen un
trabajo aunque sea temporal para no cargar esa responsabilidad
sobre el resto.
Sin embargo, obviamente
lo ideal sería que nadie de la campaña
tuviese que trabajar para poderse dedicar únicamente
a atacar la compañía. Para acercarse lo
más posible a esta situación hay que encontrar
fuentes externas de financiación: lista de socios,
ofrecer una cuenta corriente en panfletos y página
web, etc.
Las apariciones en
los medios de comunicación, incluso si tildan
a los activistas de la campaña de terroristas,
suelen generar las mayores sumas de dinero. Esto se
debe a que hay mucha gente anónima que comprende
perfectamente la acción directa por la liberación
animal (por ejemplo, las aportaciones económicas
a las campañas inglesas más radicales
aumentaron notablemente cuando se robó el cadáver
de una persona de la familia Hall como parte de la campaña
para cerrar la granja de cobayas de Newchurch). Éste
es uno de los motivos por los que nunca se debería
rechazar una entrevista y que, incluso, se debería
contactar periódicamente con los medios ofreciendo
información a través de notas de prensa.
El método más
usado para recaudar dinero en países europeos
consiste en poner mesas informativas situadas en un
lugar muy transitado. Alrededor de la mesa se colocan
pósters de animales destrozados (generalmente
perros y gatos), que atraen la atención de los
viandantes. Los activistas de la mesa piden a los paseantes
que firmen una petición en la que se pide por
ejemplo que el Gobierno deje de subvencionar a la empresa
de la campaña, que la cierre o cualquier otra
cosa relacionada con la campaña. La petición
consta de cuatro columnas: en la primera se pone el
nombre y los apellidos, en la segunda el DNI, en la
tercera la firma y en la cuarta la donación.
Por supuesto, las firmas no sirven para nada, pero la
gente que se acerca a firmar se siente en una situación
comprometida cuando ven la columna de “donación”
y muchas veces meten alguna moneda en la hucha. Además,
estos puestos sirven también para contactar con
el público, informarles de lo que se está
haciendo, e incluso conseguir nuevos activistas.
En el apartado sobre
ya se ha comentado que los panfletos deben hacerse a
color y con un buen diseño. El hecho de que las
cosas se hagan bien hace que el público aporte
más dinero. A esto hay que sumar un poco de psicología,
por ejemplo si la campaña es para que una empresa
deje de vender pieles conviene que haya algún
panfleto contra las pieles de perros y gatos en el que
se muestren fotos de estos animales despellejados. Desde
luego que el número de pieles procedentes de
perros y gatos es ridículo si se compara con
el de visones, zorros, astracanes, etc, pero estas fotos
hacen que la gente se acuerde del perro o el gato que
le espera en casa, lo que facilita den una aportación
económica.
Conclusión
final:
Si una campaña
logra su objetivo en un periodo de tiempo razonable
puede tener varias ventajas: conseguir nuevos activistas
en el movimiento y demostrar, tanto a nuestros objetivos
como a nosotros mismos, que tenemos capacidad para crear
un impacto importante sobre la explotación animal.
Si no se consigue el éxito y se abandona la campaña
se habrá mostrado a los explotadores que si se
resisten, los activistas por la liberación animal
abandonan, y se habrá creado un desgaste en los
participantes y una pérdida de tiempo y recursos.
Por ello, es indispensable
tener claro que la campaña va a lograr su objetivo
antes de comenzar. Si se tienen dudas es preferible
unirse a una campaña internacional, por ejemplo
unirse a la campaña contra HLS o plantearse un
objetivo más definido dentro de la campaña,
por ejemplo “vamos a intentar conseguir que Glaxo
Smith-ckline deje HLS”. Esto permite servir como
entrenamiento, poner a prueba el trabajo en equipo y
darse cuenta de las posibilidades y las debilidades
de la campaña y sus activistas. De esta forma
si las cosas no van tan bien como se esperaba se tiene
garantizado que los activistas de otros países
continuarán presionando y por tanto los explotadores
no podrán pensar que se ha derrotado al movimiento
(ya que seguirán siendo un objetivo).
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