Detenido un compañero en
Sants acusado de participar en los destrozos de la pasada
manifestación contra Novartis
[extraido
de Klinamen]
El pasado 6 de mayo fue detenido en
el barrio de Sants de Barcelona un compañero
por varios agentes de paisano de los Mossos d’Esquadra.
Según la policía, Joan habría sido
una de las personas que atacó la sede de la multinacional
farmacéutica Novartis durante una manifestación
enmarcada en las jornadas de lucha contra la experimentación
animal que tuvieron lugar en febrero.
Estas jornadas, que abarcaron diversos
sabotajes, actos públicos y una manifestación,
tenían como objeto hacer frente a la industria
de la vivisección y en concreto al laboratorio
británico HLS (Huntingdon Life Sciences), contra
el cual grupos de todo el mundo se han unido en una
campaña.
Nada más subirse al coche Joan comenzó
a ser interrogado por dos encapuchados de la división
de información, que le presionaron para asumir
su participación en la acción y delatar
a otros compañeros. Él se negó
a declarar y tras un breve paso por la comisaría
de la Zona Franca fue trasladado a los calabozos de
Les Corts, donde un grupo de amigos y compañeros
cercanos le mostraron su apoyo desde fuera con una concentración.
Al día siguiente pasó a disposición
judicial, siendo finalmente puesto en libertad provisional
con cargos (por un delito de daños) y obligado
a firmar una vez al mes en el juzgado.
Si bien del conjunto de la operación
policial llaman la atención varias cosas, la
primera de ellas es el poco esmero con el que han organizado
el montaje. El guión no es nuevo y responde al
método habitual en los mossos de señalar
y detener a gente a partir de imágenes tomadas
durante manifestaciones. Lo sorprendente es que en las
imágenes presentadas por la policía la
persona que tratan de relacionar con nuestro compañero
aparece completamente encapuchada, y no se aprecia el
rostro ni ningún otro rasgo distintivo que pudiese
identificarlo como Joan ni como cualquier otro individuo.
Al final, lo único que vincula
al detenido con la persona de la foto es la dudosa palabra
de un policía, que afirma haber participado en
la vigilancia del acto de cotxeres de sants del primero
de mayo y en ese momento haber reconocido a Joan como
la persona que rompió los cristales de la sede
de Novartis en febrero.
Dejando a un lado las anécdotas típicas
de la comedia policial, lo realmente significativo de
todo esto es el intento por parte del Estado de amenazar
y levantarle la mano a aquellos que han pasado a una
actitud ofensiva contra la explotación animal,
a esos que defienden la legitimidad de la acción
directa sobre la legalidad de un sistema corrompido
desde las entrañas.
El mensaje es sencillo. La sociedad
siempre tendrá un micrófono y una página
en el periódico reservados para el activista
tolerante, que proteste como le digan que puede protestar
y que se olvide del problema de fondo que origina la
explotación animal. Por otro lado, el que ya
no trague con las mentiras sobre la ley, la tolerancia
y la posibilidad de cambiar las cosas dentro del circo
montado, sin un cambio profundo, el único sitio
que tiene reservado es la cárcel.
Los amigxs de Joan
han emitido un comunicado en el que piden estar atentxs
a posibles futuras convocatorias de apoyo.
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